domingo, 11 de noviembre de 2018

El Gatopardo y la “nueva” Constitución castrista

La intensa “consulta popular” del proyecto de carta magna castrista no modificará los aspectos centrales del documento

Proyecto Constitución Cuba
Debate del Proyecto de Constitución. Foto Cubahora
LA HABANA, Cuba.- En la noche de este lunes, y en horario estelar (encasillado entre el culebrón brasileño de turno y la única película exhibida en esa fecha por la Televisión Cubana), este medio masivo al servicio del régimen castrista emitió un capítulo más del programa “Hacemos Cuba”. El serial está consagrado al Proyecto de Constitución cuya “consulta popular” se acerca a su fin.
En esta ocasión se transmitió un reportaje especial. Su propósito era informar a la ciudadanía (o, para ser más precisos, a los pocos compatriotas nuestros que se animan a dedicar su tiempo de descanso vespertino a escuchar este tipo de programas) sobre la marcha del proceso de “debate ciudadano” centrado en el mencionado documento.
Como principal invitado participó Homero Acosta Álvarez, secretario del Consejo de Estado. A lo largo de toda la campaña de agitación y propaganda que el régimen ha dedicado al tema, le ha correspondido a este señor llevar la voz cantante. Ha sido una especie de portavoz del general de ejército Raúl Castro, presidente de la Comisión nombrada al efecto por la Asamblea Nacional.
Estamos hablando —a no dudarlo— de un jurista informado y competente. Don Homero es también —sería absurdo suponer otra cosa— un funcionario plenamente identificado con el mandamás de turno y con todo el grupito gobernante que lo rodea. Cada vez que él habla sobre la actual reforma supralegal, su tarea es justificar los rasgos esenciales del nuevo texto elaborado por el régimen. Es algo natural, si tomamos en cuenta la destacada participación personal que él tuvo en su redacción.
El propósito de la nueva entrega de “Hacemos Cuba” era transmitir una idea central: la tremenda atención que el régimen le concede a las opiniones emitidas por los ciudadanos. Esto se subraya con un concepto recalcado de modo especial en el programa; no sólo se toman en cuenta los criterios y objeciones coincidentes, sino que, en ocasiones, un planteamiento valioso es acogido, aunque haya sido expresado por uno solo o unos pocos participantes. “Lo más importante en las opiniones es lo cualitativo, no lo cuantitativo”, subrayó Acosta Álvarez.
Este lunes se dieron a conocer estadísticas: hasta ese momento se habían celebrado 111 mil reuniones, en las que participaron 7 millones y un tercio de ciudadanos. Éstos, a su vez, realizaron cerca de un millón y medio de intervenciones y formularon casi 660 mil propuestas. De estos datos, el único que despierta serias dudas fundadas es el de las personas concurrentes: Sabemos cómo, en nuestra Cubita bella, los subordinados (que conocen del interés de los jefes por contar con asistencias masivas), emplean todos los medios para inflar las cifras correspondientes, a fin de demostrar el “buen trabajo” realizado…
En el programa se mostró la labor del Centro Nacional de Procesamiento, que recibe y consolida toda la información procedente de los municipios. Se hizo ostentación del uso sistemático de la informática. Los televidentes tuvieron la ocasión de contemplar varios segundos de una reunión sostenida con algunos de sus subalternos por los miembros del Grupo de Trabajo Central, que coordina las propuestas que en principio se acogen para elevarlas a los órganos supremos: Comité Central del Partido Único y Asamblea Nacional.
Hacia el final de la entrega, Acosta Álvarez condensó en una frase todo el objetivo que tuvo el largo programa: “El pueblo cubano puede sentirse orgulloso de haber construido una Constitución”, expresó. O sea: que el autor del “nuevo” engendro no sería otro que el conjunto de nuestros conciudadanos.
Es así como el trabajo de la comisión anónima que inició su “profunda labor” en 2013 (según plantea la Introducción al Proyecto), y lo hizo sin conocimiento alguno del electorado; el del grupo de 33 diputados que designó al efecto (esta vez sí de manera oficial) la Asamblea Nacional y la sesión de “esclarecimiento de dudas” que escenificó este “órgano supremo de poder del Estado”, han sido opacadas —supuestamente— por las opiniones de los electores. Se trata de un ejercicio que, en opinión del propio Secretario del Consejo de Estado, resultaría “único para el mundo actual”.
En cualquier caso, la clave de la hipotética autoría colectiva de todos los cubanos radica en la reacción que tendrán los órganos burocráticos mencionados ante las propuestas formuladas. Como dijo el señor Acosta, cada una de ellas “tendrá una respuesta, ya sea positiva o negativa”. Y por supuesto que las de rechazo estarán reservadas para cualquier planteamiento que no se ajuste a las grandes líneas directrices del Proyecto trazadas por los comunistas. Sólo hasta ahí llegará la “autoría” del cubano de a pie.
Entre los planteamientos intocables se cuentan el mantenimiento a ultranza del socialismo estatal e ineficaz. Esto último lo consideran tan importante que el artículo 3 del Proyecto declara “irrevocable” ese sistema inoperante. También han introducido el adjetivo correspondiente en una frase ideada en el Siglo XIX por un jurisconsulto no marxista. De ese modo han inventado el “estado socialista de derecho”, concepto que sólo ahora entraría al texto constitucional. (Con lo cual, como es obvio, están reconociendo de manera tácita que el castrismo no ha tenido ese carácter durante más de medio siglo).
Tampoco modificarán el papel del Partido Comunista, que siempre fue “único”, pero que ahora es definido con ese adjetivo en el Proyecto. Y que, como anunció en su momento el mismo Raúl Castro, seguirá teniendo la condición de “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”, y no porque los ciudadanos lo escojan entre varias opciones, sino en virtud de una sentencia plasmada en el artículo 5 de la Carta Magna.
Idénticos razonamientos caben para el sistema antidemocrático existente (donde, para elegir 605 diputados, se presentaron 605 candidatos), situación bochornosa que el texto analizado no se plantea subsanar. O para la violación institucionalizada de los derechos humanos. Esto último, pese a que el Secretario del Consejo de Estado afirmó que una de las novedades esenciales del Proyecto sería “una nueva concepción de los derechos”. Algo que, por desgracia, nadie sabe en qué consiste.
En resumen, aunque algún espectador desprevenido haya quedado impresionado por el intenso despliegue de labor burocrática que mostró el reportaje, éste no alcanzó a hacer vacilar en sus convicciones a quienes estamos seguros de una sola cosa: que el castrismo, en el mejor estilo gatopardista, pretende cambiarlo todo, pero sólo para que todo siga igual.

Atilio Borón frente al probable triunfo de Bolsonaro

El trabajo del conocido publicista argentino que analiza las elecciones presidenciales de Brasil contiene afirmaciones arbitrarias

Jair Bolsonaro. Foto AFP
LA HABANA, Cuba.- Ayer, en otro artículo colgado en CubaNet, aludí a la censura ejercida por los castristas contra un trabajo de Atilio A. Borón. En este nuevo escrito cumplo con el ofrecimiento que hice entonces de referirme a los argumentos esgrimidos por ese destacado teórico de las izquierdas carnívoras latinoamericanas en su trabajo “Bolsonaro: tres hipótesis y una sospecha”.
El mencionado candidato presidencial brasileño alcanzó una clara victoria en la primera vuelta y se encamina ahora —según todo indica— a repetir su éxito el venidero domingo en la votación decisiva. Pero, como cabía esperar, el teórico argentino, lejos de mostrar aprecio por el personaje, afirma de él que “durante casi 30 años jamás había salido de los sótanos de la política”, y llega al extremo de calificarlo como “un psicópata impresentable”.
La primera de las tres hipótesis de Borón apunta hacia el Partido Trabalhista (PT): el de Lula y Dilma. Al respecto, señala que la victoria del polémico candidato contrario es la que permitiría “acabar definitivamente con el legado de los gobiernos del PT y sus aliados”. Los mismos que, según “los voceros del establishment”, instauraron “la corrupción y la demagogia”.
La segunda, señala “la falta de educación política de las masas”, que las hace valorar “el llamamiento al orden y la apelación a la ‘mano dura” como “propuestas sensatas y razonables”. Aquí Borón —por supuesto, con otra terminología— menciona el error de los “socialistas del siglo XXI” al creer que el hecho de “sacar de la pobreza a millones de familias” llevaría a éstas a engrosar su clientela política en forma masiva y permanente.
La tercera hipótesis se centra en el “papel de los medios hegemónicos en el linchamiento mediático de Lula y todo lo que este representa”. Se trataría de un rol “funesto”, y que se combina —además— con una “justicia corrupta”. Y todo esto —¡faltaría más!— potenciado “por Estados Unidos a través de numerosos programas de ‘buenas prácticas’”.
Al menos cabe agradecerle a Borón que, a diferencia de otros voceros de la izquierda caníbal, no haya hecho hincapié en el supuesto “racismo” de Bolsonaro. Se trata de un planteamiento cuyo solo enunciado genera suspicacia e invita al escepticismo. En un país en el que más de la mitad de la población podría tener alguna proporción visible de sangre africana, el que un político se declare anti-negro resultaría no sólo estúpido, sino suicida.
El pretexto esgrimido para hacer esa campaña es un comentario que hizo el ahora candidato presidencial tras visitar una comunidad de descendientes de cimarrones. La observación poco “correcta” acerca de la extrema obesidad de las personas específicas que vio entonces y la hipotética imposibilidad de ellas para reproducirse, ha sido transformada en una afirmación relativa a todos los afrodescendientes. Una manipulación burda, pero que ha resultado del agrado de los amigos de Borón con menor nivel intelectual.
Sí resulta oportuno destacar que el escritor argentino, como suele suceder entre sus correligionarios, en su trabajo original (no así en la versión mutilada de éste que publicó el periódico Granma), echa mano a los textos sagrados de su secta. Como buen “pericón”, intenta hallar las claves para la política brasileña de hoy en un pasaje de El 18 brumario de Luis Bonaparte, conocida obra del mesías rojo Carlos Marx, referido a sucesos ocurridos en Francia a mediados del Siglo XIX… En verdad, estos comunistas son incorregibles.
Pero donde el desenfreno de Borón alcanza el culmen es en su “sospecha”. Con un desparpajo difícil de igualar y sin tener fundamento alguno que justifique su aprensión, apunta una posibilidad: “que el avasallante éxito electoral de un farsante como Bolsonaro pueda responder, al menos en parte, a un sofisticado fraude electrónico”.
El teórico rioplatense trata —pues— a sus cómplices brasileños como si éstos fuesen un hatajo de minusválidos mentales, incapaces de suponer, detectar o denunciar un vulgar “pucherazo” … ¿Estará poniéndole ideas en la cabeza a Haddad y a su banda de cara a lo que, según todos los indicios, será una clara derrota en la segunda vuelta del próximo domingo?

La censura castrista contra Atilio Borón

Los cortes realizados por un diario oficialista cubano a un trabajo de un conocido publicista de izquierdas son reveladores

Periódico Granma. Foto Internet
LA HABANA, Cuba.-  El diario castrista Granma del pasado jueves 18 dedicó una completa, de sus ocho paginitas, a publicar un artículo del teórico del rojerío carnívoro latinoamericano, el argentino Atilio A. Borón. Su título: “Bolsonaro: tres hipótesis y una sospecha”. Se trata pues, de un estudio sobre el claro vencedor en la primera vuelta (y presumiblemente también en la segunda y definitiva, fijada para el próximo domingo) de las elecciones presidenciales brasileñas.
Para ser exactos, habría que precisar que no se trata del trabajo íntegro, sino de “fragmentos”, según explicita una nota del periódico oficialista. El cotejo de la versión original con la “corregida”, que publica el órgano del Partido Comunista cubano, nos brinda algunas claves sobre las líneas a las que se ajustan los censores del castrismo. Algo que, con toda seguridad, hacen respondiendo a consignas del tenebroso Departamento Ideológico de esa fuerza política que dirige y controla a toda la prensa.
Desde luego, no pretenderé hacer un exhaustivo inventario de todas las podas perpetradas. Cabe admitir que algunas de ellas obedezcan a propósitos de mera simplificación, con el fin de potabilizar, para el lector cubano, el estilo erudito y recargado del profesor bonaerense. De paso, también dividieron los gigantescos párrafos que éste utilizó en su escrito.
Pero una parte de las mutilaciones —las más voluminosas y significativas— ponen de manifiesto los objetivos perseguidos por la “policía del pensamiento” del castrismo. Y esto lo hacen a pesar de tratarse de un autor plenamente identificado con el régimen de La Habana. Veamos las más reveladoras de ellas.
La primera ausencia que despierta atención es la del pormenorizado inventario de los efectos perniciosos en la sociedad brasileña, de “la corrupción y la demagogia instaurada por los gobiernos del PT” o Partido Trabalhista. (Aclaro que, aunque la frase citada es de Borón, él señala que, en este punto, se limita a parafrasear a “los voceros del establishment”).
“La inseguridad ciudadana, la criminalidad, el narcotráfico, los sobornos, la revuelta de las minorías sexuales, la tolerancia ante la homosexualidad y la degradación del papel de la mujer, extraída de sus roles tradicionales”. Estos serían los efectos, en la vida del gigante sudamericano, de las políticas populistas de Lulay Dilma. Es lo que Borón denomina “demagogia petista” (del PT).
Un poco más adelante, el autor alude al “auge de la Bolsa de São Paulo” y el “júbilo de la canalla mediática”. “Todo este bloque dominante —afirma Borón— suplicó, jadeante y como un loco, que alguien viniese a poner fin a tanto descalabro. Y allí estaba Bolsonaro”. Parece que los censores castristas no desean que este inventario, impresionante y elocuente, de los efectos prácticos de la política de sus aliados en Brasil quede al alcance del lector cubano de a pie.
El Departamento Ideológico también prefirió prescindir de la alusión a los “seis mil templos [protestantes] establecidos en todo Brasil” (“una cifra abrumadoramente superior al número de locales que cualquier partido político jamás tuvo en ese país”), y a que “las iglesias evangélicas disponen de dinero más que suficiente para sostener esta letal infantería comunicacional”. (Es evidente que ha pasado mucho tiempo desde que en Cuba imperaba un “ateísmo científico” militante).
Al parecer, a los censores castristas también les desagrada la pasividad de los seguidores de Lula y Dilma ante las estratagemas para “manipular y ‘formatear’ la conciencia del gran público”. En ese contexto, Borón denuncia “el quietismo dentro de las propias filas de simpatizantes y militantes petistas, que sólo en escaso número se movilizaron y tomaron las calles para impedir la consumación de esta maniobra”.
Hay otros fragmentos podados. Llama la atención que, en nuestro país, cuya Constitución proclama “las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin” y exalta (al menos mientras no cristalice la reforma supralegal ahora en marcha) “los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”, se hayan expurgado oraciones que el intelectual argentino toma del fundador de la secta y de Antonio Gramsci. Lo mismo es válido para una alusión al sonado escándalo “Lava Jato”.
En resumen: La versión castrista del trabajo de Don Atilio resulta interesante no sólo por lo que reproduce de ese escrito, sino también por lo que omite. Tal parece que los ideólogos del Palacio de la Revolución desean suministrarles a los cubanos una papilla doctrinaria de fácil digestión. Y esto a pesar de que, según sus máximos líderes, se trata del “pueblo más culto del mundo” y el de “mayor conciencia política y revolucionaria”.
Considero oportuno y necesario hacer un análisis de las ideas sobre el “fenómeno Bolsonaro” exteriorizadas en su artículo por el teórico bonaerense. Ellas reflejan con precisión los prejuicios e inquietudes que tiene al respecto la izquierda carnívora, dentro de la cual ocupa una posición tan destacada. Pero parece aconsejable abordar ese tema en otro trabajo periodístico.

Lobos y hermanos

Un lamentable suceso pone de manifiesto las diferencias entre los países libres y los que sufren el comunismo

Ómnibus cubano (Foto archivo)
LA HABANA, Cuba.- En la carta de un lector nombrado “José” colgada en el sitio web oficialista Cubadebate a fines del pasado septiembre, se denunció un acto de discriminación contra una joven minusválida, perpetrado por un chofer de ómnibus. Del texto de la nota se colige que los hechos acaecieron cerca de las ocho de la noche del día 29 de ese mes.
El sucedido tuvo lugar en un vehículo de la ruta A40 (antes 400): Montó a la guagua un grupo de jóvenes, quienes le pidieron al chofer que abriera la puerta trasera, para poder subir a una amiga en silla de ruedas. A las objeciones del trabajador (que este objeto no cabía en el bus), los muchachos expresaron su disposición a sentar a la impedida física en uno de los asientos que le están reservados y plegar la silla.
Ni esos razonables argumentos ni las exhortaciones de otros pasajeros surtieron efecto en el conductor, quien se retiró velozmente del lugar. A mucha insistencia, abrió la puerta sin detener la marcha, para que los acompañantes de la valetudinaria pudieran bajarse y no dejar a su compañera sola en la parada.
Por supuesto que, en principio, merece absoluta condena la actitud de quien “José” califica como un “chofer deshumano”. Sí me parece justo hacer una salvedad, y es que se determine si el ómnibus iba simplemente lleno o absolutamente repleto. Desde luego que si el vehículo se encontraba en estas últimas condiciones (que es lo habitual en Cuba), entonces puede resultar físicamente imposible no ya subir una silla de ruedas, sino hasta que monte un pasajero delgado más.
Cualquiera que fuere el caso, el incidente pone de manifiesto algunas de las características de los funcionarios y periodistas del castrismo. Tres días después del suceso, todavía los burócratas del Ministerio del Transporte (MITRANS) no habían reaccionado. Esto lo destacó un post colgado en Cubacomenta el 3 del corriente. Allí se planteaba, citando a “una fuente de entero crédito”, lo siguiente: “Cubadebate aún no ha obtenido una respuesta por parte del Ministerio de Transporte”.
El affaire dio pie a que surgieran contradicciones entre los informadores castristas: Según Cubacomenta, “una periodista de Granma consultada dijo que ‘como eso es asunto de Cubadebate, Cubadebate es el que debe darle seguimiento al asunto’, una respuesta que deja en muy mala situación al periodismo cubano de estos tiempos”. (Comento a mi vez: A confesión de parte…).
El pasado miércoles 17 (¡una quincena más tarde!), el tema fue abordado por otro colega en la Emisión Estelar del Noticiero Nacional de Televisión (NTV). A estas alturas se anunció que el MITRANS le había fijado al responsable una medida cautelar, y que en su momento se divulgaría la sanción que le fuera impuesta, en su caso.
Lo más original de todo esto es que el comentarista del NTV abordó el asunto como si se tratara de un hecho ocurrido la víspera. ¿Por qué la inusitada demora? ¿Será que los plumíferos y cotorrones de la Isla estaban esperando el visto bueno de los burócratas del lóbrego Departamento Ideológico del Comité Central, que son los que dicen qué se puede publicar, y cómo? Es probable.
¡Qué diferencia con la prensa de los países democráticos, que corre detrás de la noticia para cumplir con su deber de informar a la ciudadanía! Esto puede constatarlo el pueblo cubano al ver el culebrón brasileño de turno (“Fina Estampa”), que es un auténtico bodrio, pero que en esto refleja la realidad de los verdaderos informadores del mundo libre.
El asunto se presta para destacar otras diferencias entre los países que viven en el progreso y los que gimen bajo el atraso implantado por el socialismo autoritario. Es el caso que, antes de que agentes del régimen me informaran el pasado julio que yo “no estaba autorizado a viajar al extranjero”, pude visitar los Estados Unidos. Allí tuve la oportunidad de ver más de una vez cómo se desarrollan acontecimientos análogos.
Yo viajaba en un ómnibus local de Miami. En una parada, esperaba un minusválido en su silla de ruedas. El chofer detuvo el vehículo en firme y accionó un mecanismo que transforma la escalerilla de entrada en una rampa. Acto seguido abandonó su puesto de trabajo y subió el asiento transversal delantero del vehículo. Una vez que el impedido físico entró con toda comodidad por la rampa, se instaló en el espacio que ocupaba el asiento. Allí el conductor aseguró por delante y por detrás la silla de ruedas con sendas cadenas, para que no pudiera desplazarse. Sólo después subieron a la guagua los restantes pasajeros que aguardaban en la parada, y el ómnibus reanudó la marcha.
Confieso que esto, que supongo que sea un espectáculo habitual para los habitantes de países desarrollados (al menos, para la minoría de ellos que viaja en ómnibus), ocasionó el pasmo de un cubano de la Isla como yo, que durante decenios había estado impedido de salir al extranjero. Como puede apreciarse, en Miami no hubo necesidad de que varios amigos de una inválida estuviesen dispuestos a subir a pulso su silla de ruedas, o a cargar a la ocupante para instalarla en un asiento del vehículo…
Lo más irónico de esta situación es que ella ilustra, en un ejemplo práctico, las diferencias abismales entre un país que, según la propaganda comunista, es de “explotación despiadada” y en el que “el hombre es lobo del hombre”, y otro de “compañerismo fraternal” y en el cual “el hombre es hermano, camarada y amigo del hombre”.
¡Qué asco! ¡Cuánta manipulación! ¡Qué de mentiras!