lunes, 20 de noviembre de 2017

Denuncian hechos delictivos en emblemática entidad biotecnológica

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(Foto: Cubadebate)
LA HABANA, Cuba.- Conocí a Sergio Osmín Fernández Palacios el pasado noviembre. Él estaba haciendo gestiones para que se subsanara la situación padecida en Labiofam por el equipo de abogados, al cual pertenecía. Todo indica que, para el gusto de los burócratas que dirigían la entidad dedicada a elaborar medicamentos, mi interlocutor y sus colegas ponían demasiado empeño en hacer cumplir las disposiciones legales.
A los jerarcas no les resultaba fácil librarse del fastidio que les ocasionaba la rectitud del letrado. Las calificaciones de “excelente” que había recibido en todas las evaluaciones y su título de Doctor en Derecho Cum Laude obtenido en España, les dificultaban la tarea. Por eso recurrieron a una de esas tretas que suelen verse en estas tierras de socialismo caribeño: Cesaron a todos los juristas y dejaron al emblemático grupo empresarial sin asesoría legal.
Como Presidente de la Corriente Agramontista de abogados independientes, brindé nuestro apoyo a los colegas perseguidos, pero el ofrecimiento fue declinado. Durante un año perdí la pista al embrollo. Pero ahora éste ha ganado en volumen y actualidad, pues el doctor Fernández Palacios ha divulgado las imputaciones más recientes que ha formulado al respecto.
Lo hizo mediante una “Denuncia Abierta” dirigida al Fiscal General de la República, con copia a otros organismos y a la prensa, Sergio Osmín alude a las “serias violaciones en actos de comercio exterior” sobre las cuales, cumpliendo con su obligación como asesor legal, informó oportunamente. También cita fragmentos de una sentencia del Tribunal Supremo que alude al “torticero actuar administrativo” de Labiofam.
En su combativo escrito, el Doctor en Derecho menciona los antiguos vínculos entre varios directivos de la entidad biotecnológica y el señor Ovidiu Tender, ciudadano rumano que hoy extingue en su país una sanción de 12 años y 7 meses de prisión por su papel protagónico en actividades de lavado de dinero y en defraudaciones multimillonarias.
En el momento en que se establecieron esos vínculos —apunta Fernández Palacios— aún no se había dictado sentencia en el dilatado proceso seguido contra el connotado delincuente internacional. Pero esa causa penal llevaba años en tramitación. Las acusaciones que pendían sobre Tender eran públicas y notorias. Por supuesto que el Director General y otros jerarcas del grupo empresarial estaban enterados de ello.
El jurista se pregunta: “¿Cuál autoridad del Estado cubano dio la autorización a esos tres directivos de Labiofam para contactar y negociar, en Rumanía y, seguidamente, en Cuba, con dicho empresario, desde 2013 hasta 2015, estando acusado en medio de un Proceso Judicial de tan extraordinaria envergadura, por la naturaleza de los delitos perpetrados, de unánime repulsa internacional; o es que actuaron por su propia cuenta y riesgo, con la participación de la Embajadora de Cuba en Rumanía?”
Y continúan las interrogantes: “¿Cómo fue posible que dicho empresario rumano, con sentencia en su contra en el 2014 dictada por el Tribunal de primera instancia en Rumanía, entró en nuestro país, obtuvo un permiso de residencia y continuó negociando impunemente con ciertos directivos de Labiofam(…)?”.
Fernández Palacios también denuncia que la expulsión del grupo de juristas, realizada por los motivos inconfesables ya señalados, desembocó en que, al quedar la entidad sin asesoría legal, se dejaran caducar las patentes relacionadas con los productos Vidatox, Ferrical y Acitán, con pérdidas cuantiosísimas para el Estado cubano.
Ahondando en la letrina, que parece no tener fondo, el acusador reanuda sus cuestionamientos: “¿Cómo es posible que también los mismos Directivos hayan involucrado a una entidad cubana, bajo el control y supervisión del Ministerio de la Agricultura, con Mozack & Fonseca, en el caso mediático ‘Panama Papers’, sobre ocultamiento de capitales en Bahamas?”.
Con motivo de los turbios vínculos entre la diplomacia de la Isla y el antisocial rumano, Sergio Osmín dirigió otro escrito al flamante ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, a quien pregunta sin rodeos: “¿Ud. autorizó a la Embajadora de Cuba en Rumanía a participar directamente en el contacto entre Directivos de Labiofam y Ovidiu Tender en pleno Proceso Judicial de Lavado de Activos y Defraudación(…)?”
Hasta el momento, las interrogantes del aguerrido jurista han quedado sin respuesta. Él supo que una primera Fiscal se declaró incompetente para sustanciar la espinosa denuncia. Una segunda funcionaria del mismo ramo se acogió a unas fulminantes vacaciones. Por el momento, el doctor Fernández Palacios nada sabe sobre el destino de sus escritos.
Mientras tanto, la muy publicitada Labiofam sigue enarbolando su condición de supuesto emblema de la Revolución Cubana que le han asignado los más altos jefes. En Facebook, la entidad sigue autodescribiéndose como “una institución científica que por más de 20 años se ha mantenido en la vanguardia de la investigación y la producción[…]”.
Pero ya sabemos que no es oro todo lo que reluce, y Sergio Osmín, que sabe en qué trajines andan los dirigentes de esa entidad, seguirá reconociendo que estuvo laborando en un nido de corrupción.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Medidas migratorias sin prisa y con pausa

La más importante obedece a las recientes decisiones de Washington

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(OnCuba)
LA HABANA, Cuba.- En un artículo colgado hace varias semanas en CubaNet, califiqué las medidas recién adoptadas con respecto a Cuba por las autoridades de Estados Unidos como un “golpe contundente” al régimen castrista. Entre quienes comentaron ese trabajo mío, no faltaron quienes, junto con descalificaciones diversas, pusieron en duda esa afirmación.
Sin embargo, ha bastado menos de un mes para que se ponga de manifiesto la fortaleza del impacto causado en La Habana por esas recientes decisiones de la Administración Trump. Esto se ha reflejado en el anuncio, hecho a bombo y platillo por el actual gobierno cubano, de “nuevas medidas migratorias” que benefician a nuestros compatriotas radicados en el extranjero.
Según el diario oficialista Granma del lunes 30 de octubre, “próximamente, se publicarán en la Gaceta Oficial las distintas normas jurídicas que acompañarán la implementación de estas medidas y se ofrecerá también a la población información adicional sobre los procedimientos que se pondrán en vigor”.
Pese a ese vacío legislativo, se conoce ya la esencia de las cuatro nuevas disposiciones, que entrarán vigor el próximo primero de enero. Las tres menos sustanciosas de ellas incluyen:
  1. Autorizar la entrada de cubanos emigrados en embarcaciones de recreo, a través de marinas;
  2. Permitir la entrada a Cuba de quienes salieron ilegalmente del país; y
  3. Eliminar el requisito del avecindamiento en Cuba para que los hijos de cubanos nacidos en el extranjero puedan obtener la ciudadanía.
Con respecto a la entrada de cubanos a través de la Marina Hemingway, en La Habana, y Gaviota, en Varadero (lo cual se irá ampliando posteriormente a otras instalaciones de ese tipo), lo primero a destacar es que esto se aplica sólo a nuestros compatriotas emigrados.
Como hasta ahora, esta posibilidad, al igual que la de viajar en cruceros o buques mercantes, seguirá estando vedada para los que residimos en Cuba. A éstos, el Estado socialista seguirá limitándonos a los viajes en avión, con el consiguiente pago de boletos más caros (en los que las autoridades castristas llevan su buena tajada) y las inevitables limitaciones en el peso del equipaje.
En lo tocante a los nacionales que salieron de Cuba por vía ilegal, ellos podrán entrar sin necesidad de esperar el plazo de ocho años que regía en ese terreno. Como esta medida entrará en vigor el año entrante, ella beneficiará a quienes huyeron del país a partir de 2010.
Aquí cabe hacer dos observaciones. Primero, que el término de ocho años sí continuará aplicándose a quienes “desertaron” de misiones cubanas. Aunque está claro que, técnicamente, en estos casos no hubo una salida ilegal del país.
Segundo, que quienes huyeron a través de la Base Naval de Guantánamo “no podrán regresar nunca a Cuba”. Desde el punto de vista jurídico, esto resulta curioso, pues las autoridades de La Habana afirman que el área de ese enclave es suelo cubano “ocupado ilegalmente”. Por ende, en estos casos, en puridad no podría hablarse de una “salida del territorio nacional”. Además, “nunca” (que es el mismo adverbio que en un inicio los castristas anunciaron a todos los exiliados) es demasiado tiempo.
En cuanto a la eliminación del requisito del avecindamiento para reconocer la condición de nacionales a los hijos de cubanos nacidos en el extranjero, caben también dos comentarios. Primero, esto es una vuelta a lo que regía en nuestro país antes de la trepa al poder de los castristas.
Segundo, esta medida ofrece mayor interés para los hijos de cubanos que nacieron en alguno de los pocos países —ninguno americano— que no aplican el llamado “ius soli” (es decir, que no reconocen la condición de nacional de una persona por el solo hecho de que haya nacido en su territorio). Técnicamente, estos individuos serían “apátridas”, y la nueva medida les permite ser reconocidos como ciudadanos de un país: Cuba.
Veamos ahora la más sustanciosa de las cuatro medidas recién anunciadas por las autoridades cubanas: el haber eliminado la “habilitación” de los pasaportes para los cubanos residentes en el exterior que deseen viajar a su Patria.
Este trámite burocrático constituye una medida discriminatoria contra los cubanos residentes en el extranjero que está establecida en el artículo 44 de la actual Ley de Migración. Aunque las autoridades castristas intentan hacer del pecado virtud (“El Gobierno de Estados Unidos cierra y Cuba abre”, proclamó el canciller Bruno Rodríguez Parrilla en Washington el día 28), resulta harto elocuente que la modificación de ese precepto haya sido decidida justamente ahora.
Como se sabe, después que el referido Ministro de Relaciones Exteriores del castrismo pidió y obtuvo una entrevista urgente con Rex Tillerson para decirle lo mismo que ya se sabía, la más enérgica medida que adoptó la Secretaría de Estado norteamericana fue la expulsión de una quincena de funcionarios de la Embajada Cubana en Washington.
Al hacer la lista de los afectados, se incluyó en ella a todos los que laboraban en el área consular, excepto uno. Resulta natural que, ante una eliminación casi total de sus burócratas encargados de esos trámites, el régimen de La Habana, abrumado por las realidades, haya optado por reducir el papeleo.
En ese sentido, pienso que no es aventurado afirmar que al primero que deben agradecer nuestros compatriotas residentes en el exterior por la eliminación de ese trámite oficinesco es al presidente Trump.
El Granma califica ahora no sólo como “irreversible”, sino también como “continuo”, el “proceso de actualización de la política migratoria del país”. Afirman esto pese a que desde 2013 no habían adoptado ninguna medida sustancial al respecto.
Por ello podemos comentar que ese “continuo… proceso” se ha llevado a cabo sin prisa y con una gran pausa. Si ahora se dio un paso, es en gran medida como resultado de las decisiones tomadas por la actual Administración de Washington. Y éstas son, sí, contundentes.

El mismo 18

Los resultados del presente proceso comicial cubano demuestran que no puede utilizarse el actual sistema electoral para realizar cambios políticos

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Una mujer lee la propuesta política de la plataforma #Otro18 (Foto archivo)
LA HABANA, Cuba.- La agencia española EFE ha realizado una entrevista a Manuel Cuesta Morúa, portavoz del movimiento #Otro18. El título refleja el comentario quejoso formulado por el veterano dirigente, que se autodefine como socialista y opositor: “Ningún candidato independiente pasó los filtros para los comicios municipales en Cuba”.
Utilizo el argot beisbolero y pregunto: ¡Pero eso no era una jugada cantada? ¿Todavía no se habían enterado de que Cuba es un Estado-Policía! ¿No saben que en nuestro país la gente tiene miedo! ¿Ignoran que los cubanos de a pie temen que, al adoptar en público cualquier postura contestataria, los despidan del trabajo y pierdan su sueldecito de hambre?
¿O que sus hijos sufran discriminación en sus centros de estudios? ¿O ser incluso arrestados? ¿O sometidos a proceso por ilegalidades inventadas? ¿O por las que en verdad tienen que perpetrar para sobrevivir en medio del desastre económico entronizado por el inviable sistema!
La pretensión de los compatriotas de Otro18 —y también de Candidatos por el Cambio— podemos calificarla de peregrina: Utilizar el sistema comicial tramposo diseñado por sí y ante sí por el astuto Fidel Castro —y plasmado en la Constitución y en la Ley Electoral—, para intentar introducir cambios en el país, equivale a querer bailar en casa del trompo.
Acaba de terminar la etapa de nominación de candidatos a concejales. Se trata de asambleas de vecinos, en las que éstos escogen a uno de los que aspirarán a delegado municipal. La trampa radica en que la votación se hace a mano alzada, de modo que los ubicuos representantes del régimen se enteran de quiénes, en su caso, votaron por cualquier candidato “problemático”.
La magnitud del fracaso ahora sufrido se refleja en las cifras ofrecidas: “más de 170 candidatos vinculados a #Otro18 se postularon de manera independiente”. Pero ya vimos que ninguno logró el objetivo. Cabe destacar lo limitado de la aspiración: menos de dos centenares de ciudadanos para miles y miles de cargos edilicios, Y conste aquí que no critico la falta de esfuerzos de los aspirantes, sino lo amañado del sistema.
Según el entrevistado, los métodos empleados por las autoridades para lograr ese resultado han sido diversos: ocultaron la fecha de asambleas de nominación, celebraron juicios por “delitos prefabricados” y hasta perpetraron un pucherazo en toda la línea: en un municipio, “los vecinos postularon al candidato independiente Michel Piñero, pero su nombre fue cambiado en el acta final”.
No obstante, el optimismo del “socialista opositor” es incombustible: “A pesar de no haber sido confirmado ninguno de los candidatos independientes, Cuesta Morúa se mostró satisfecho porque, según destacó, se ha cumplido uno de los objetivos de #Otro18, que era demostrar que las voces independientes cuentan con respaldo popular”.
Acude a mi mente el viejo refrán: “Para ese viaje, no hacían falta tantas alforjas”. Como es obvio, el “respaldo popular” supuestamente demostrado en ese proceso tramposo sería minoritario. ¡Y eso no es la verdad!, sino una distorsión de ella.
Que, debido a la represión feroz del régimen, nuestros compatriotas ahora no puedan demostrar su respaldo a quienes discrepamos; que muchos ni siquiera sepan que coinciden con la oposición (pues el control totalitario de los medios masivos no les permite enterarse de ello), es otra cosa. En su momento sucederá en Cuba lo mismo que en los antiguos países socialistas de Europa: se hará evidente que la mayoría del electorado no apoya a los comunistas. Pero eso será cuando comience el desmontaje del sistema totalitario.
Mientras tanto, es menester que quienes se enfrentan al castrismo a cara descubierta se formulen una pregunta: ¿Tiene sentido pretender utilizar las limitadísimas posibilidades electorales que en la actualidad ofrece el régimen para intentar realizar los cambios que se necesitan?
La pregunta no es ociosa. Ahora mismo, las respuestas encontradas que en Venezuela le dan a ella los demócratas que se enfrentan al chavismo, han dividido a la oposición de ese país. No pretendo terciar en ese diferendo. Pero tengo que reconocer las abismales diferencias que, en ese campo, existen entre Cuba y la Patria de Bolívar.
En Venezuela se reconoce la existencia legal de partidos de oposición. Éstos pueden postular candidatos a los cargos públicos. Allí no rige una regla absurda como la de Cuba, que prohíbe realizar campañas electorales. Por consiguiente, los demócratas de allá pueden presentar sus programas de gobierno, que incluyen la crítica a las políticas gubernamentales.
Es cierto que la mayoría del Consejo Nacional Electoral está controlada por el Poder Ejecutivo, pero uno de sus integrantes tiene ideas democráticas y todo el sistema comicial es sometido a auditorías en las que participa la oposición, cuyos partidos cuentan con delegados a todos los niveles.
Nada de esto sucede en Cuba. Aquí, las comisiones electorales están conformadas en su totalidad por castristas confesos. La pertenencia al partido único y a las “organizaciones de masas”, que el régimen creó y controla, constituye un requisito indispensable para ostentar algún cargo de ese tipo. La idea de que personas de ideas discrepantes supervisen los resultados electorales a nivel municipal, provincial o nacional, es simplemente impensable.
Aquí es imposible que algún opositor sea diputado o delegado provincial. Los candidatos a estos cargos los nomina el mismo régimen. Además, la “elección” de todos ellos está asegurada, pues su número es igual al de los cargos a cubrir. Para colmo, la Ley 89 regula el proceso de “revocación de mandatos”. Éste garantiza el despido de todo aquel que moleste al gobierno.
En esas condiciones, ¿por qué habría de ser “otro” el venidero año de elecciones? No, como reza la vieja canción popular, “el cuartico está igualito”. Por eso, si somos honestos y objetivos, sólo podremos hablar de “El mismo 18”.

Los grillos contra el imperialismo

El régimen castrista resta importancia a recientes acusaciones de EEUU

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‘¡Al ataque sónico!’ (Aristide Pumariega/Cortesía)
LA HABANA, Cuba.- El pasado jueves 26, a las ocho y media de la noche, justo entre el noticiero vespertino y la gustada novela brasileña, la Televisión Cubana lanzó al aire un desmentido de las acusaciones estadounidenses sobre los “ataques acústicos” realizados contra diplomáticos de su país —y también de Canadá— en La Habana. Esto fue ratificado en el Granma del viernes 27. El formato escogido fue un nuevo capítulo de la serie “Las razones de Cuba”.
Este lunes, el tema fue abordado de nuevo en el programa “Mesa Redonda”, que no añadió nada esencialmente nuevo al tema, aunque sí aportó una frase truculenta, pero que no carece de originalidad, al bautizar el nuevo enredo como “Maine sónico”.
Lo primero que cabe destacar en estas nuevas entregas es que la supuesta refutación ha tenido un carácter meramente oficioso. Por esta vez nos hemos librado de tener que leer o escuchar la cansona lectura de uno de esas “declaraciones del Ministerio de Relaciones de Exteriores”, que parecen ladrillos lanzados contra los cubanos.
Como resulta habitual en casos como ése, las rotundas afirmaciones de los locutores o de oficiales de completo uniforme son respaldadas por científicos y especialistas que afirman haber estudiado con detenimiento el asunto. En esta ocasión, esos sabios han llegado a la conclusión de que el ataque acústico habría tenido un carácter similar al de los ruidos que suelen emitir… ¡grillos y cigarras!
Según el Granma, el “profundo estudio” realizado permitió establecer “la similitud entre las muestras sonoras entregadas” por los norteamericanos “y el sonido de estos insectos”. “Este resultado fue presentado a la contraparte estadounidense como la causa plausible de algunos incidentes sonoros reportados”.
El mismo periódico comunista afirma que los ataques acústicos, cuya mención acompaña con calificativos como “presuntos” y “alegados”, han sido objeto de “manipulación política” por parte de Estados Unidos. Un excelente ejemplo de un burro hablando de orejas.
No creo que este nuevo esfuerzo del oficialismo haya tenido, como objetivo primordial, a los cubanos de a pie. Los especialistas del Departamento Ideológico del partido único saben muy bien que los bodrios que ellos cocinan no convencen a la generalidad de nuestros compatriotas. Lo demuestran cada vez que, para que sus afirmaciones tengan cierta aceptación, transmiten fragmentos de noticieros extranjeros, en la voz de los locutores originales.
Es ante todo en otras latitudes donde incondicionales y “compañeros de viaje” recepcionan los guisos confeccionados en La Habana, y los sirven a sus propios públicos. Esto es válido, de manera especial, en los mismos Estados Unidos, donde una serie de comunicadores “liberales” (en realidad, ideólogos anti-sistema con inmensas añoranzas socialistas) se hacen eco de todo lo proveniente de sus “hermanos de ideales”.
Pese a ello, la nueva entrega de “Las razones de Cuba” y la “Mesa Redonda” han servido para convencer a nuestros atribulados compatriotas de una cosa: la nueva calamidad que les ha caído encima está ahí para quedarse. Porque no admite dudas que las consecuencias de este nuevo diferendo constituyen una desgracia adicional, que se suma a las otras que ha provocado la política inmovilista de los ocupantes del Palacio de la Revolución.
Éstos, en lugar de aceptar la mano que mantuvo tendida durante meses el presidente Obama, optaron por hacerle asquitos y remilgos de todo tipo. Al surgir el nuevo diferendo, su canciller le pidió una entrevista urgente al ocupadísimo Secretario de Estado… para decirle lo mismo que habían declarado durante semanas. Lo que el señor Tillerson debe haber valorado como un desperdicio de su valioso tiempo se saldó, en apenas unas horas, con la expulsión de una quincena de diplomáticos cubanos de Washington.
Esta última situación, sumada a la retirada de buena parte del personal estadounidense de la Embajada en La Habana, ha conducido a una gran ralentización en el otorgamiento de visas a los ciudadanos de uno y otro país (y también a cubanos, pues, aunque parezca increíble, los castristas exigen a nuestros compatriotas radicados en el extranjero que obtengan un permiso o “habilitación” otorgado por ellos mismos para poder visitar el suelo en que nacieron).
Esta virtual paralización de los permisos de viaje representa un sólido golpe propinado a los castristas. De ella, la propaganda de La Habana culpa a “la Mafia anticubana de Miami”. El Granma, más específico, cita al senador Marco Rubio. Son, pues, nuestros compatriotas de ideas democráticas radicados en el exilio los que pueden acreditarse esta fuerte estocada asestada al régimen.
Porque lo que no puede negarse es que, pese a toda la retórica antiamericana de los agitadores comunistas, los viajes de quienes residen en Cuba a la tierra del “enemigo”, y viceversa, constituyen el mejor de los alicientes incluso para aquellos que están comprometidos política e ideológicamente con el castrismo.
El Granma desliza una velada amenaza. Según el órgano oficial del partido único, “esta situación… pone en riesgo la preservación de la seguridad nacional de ambos países, pues se afectarían los acuerdos en materia migratoria”, entre otros. ¿Estarán insinuando la posibilidad de un nuevo éxodo masivo?
No creo que estén locos en el Palacio de la Revolución. Y tendrían que estarlo para pensar que, a estas alturas, con un presidente republicano con las características de Donald Trump en la Casa Blanca, podrían iniciar una nueva aventura de ese tipo sin sufrir consecuencias harto desagradables para ellos mismos.

Golpe contundente al régimen castrista

Raúl Castro debe estar lamentando no haber estrechado con más decisión la mano que le extendió Obama

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Canciller cubano Bruno Rodríguez y Raúl Castro (Reuters)
LA HABANA, Cuba.- Tras el anuncio de la retirada forzosa de quince funcionarios de la Embajada Cubana en Washington, dispuesta por el Departamento de Estado norteamericano, la respuesta de La Habana consistió en una conferencia de prensa de su ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, quien dio lectura a una nueva Declaración del MINREX cubano y respondió las preguntas de la prensa.
Con ese fin, el principal canal de la Televisión Cubana interrumpió, a las tres de la tarde, la proyección del oeste de los martes, espacio muy seguido por los espectadores cubanos. Se trata de una forma algo burda, pero efectiva, que las autoridades emplearon para garantizar que sus súbditos siguieran las incidencias de la comparecencia ministerial.
El canciller castrista se empleó a fondo para recalcar que, unas veces, las autoridades estadounidenses han calificado las agresiones sufridas por los diplomáticos de ese país en La Habana como “incidentes”, mientras que en otras ocasiones han hablado de “ataques”. La poca entidad de esas diferencias terminológicas de detalle no parece justificar los malabarismos verbales de Don Bruno ni el tiempo que dedicó a ese asunto.
El hecho cierto es que las autoridades de la Isla no niegan que se ha producido la agresión. Y aunque casi toda la conferencia de prensa se centró en el diferendo Cuba-Estados Unidos, resulta innegable que también Canadá se declara afectado por los actos perpetrados. Con respecto a ese otro país, Rodríguez Parrilla sólo señaló que se mantienen “contactos y cooperación” sobre el tema con las autoridades de Ottawa.
En lo personal, no creo que los castristas hayan realizado los ataques acústicos de los que se quejan los dos grandes países angloparlantes de Norteamérica. No es su estilo. En ese contexto, las seguridades personales que el mismísimo Raúl Castro le dio al Encargado de Negocios de Estados Unidos parecen constituir un indicio bastante sólido.
Puesto a especular, prefiero hacer recaer mis sospechas sobre alguno de los impresentables amigotes que se gasta el gobierno cubano. Las protestas de no participación hechas por los castristas pierden entidad si las cotejamos con el antiamericanismo a ultranza de regímenes como los de Norcorea o Irán, con los cuales su socio de La Habana mantiene excelentes relaciones.
¿Qué significación podrían tener las negativas veraces hechas por las autoridades de nuestro país y sus seguridades de respetar la Convención de Viena, si al mismo tiempo se han producido actos de encubrimiento de agresiones que pudieran provenir de los repugnantes ayatolas de Teherán o de los representantes de la tiranía brutal de Pyongyang!
Unos y otros no se han cohibido de realizar en otros países salvajes ataques incluso peores, como el perpetrado hace años por diplomáticos iraníes contra cientos de inocentes judíos de nacionalidad argentina en la AMIA bonaerense o, más recientemente, el asesinato de un hermanastro de Kim Jong-un en un aeropuerto extranjero.
En cualquier caso, ahora, tras la retirada voluntaria de la mitad de los funcionarios norteamericanos de Cuba y la expulsión de los quince diplomáticos cubanos de Estados Unidos, en cada una de las respectivas embajadas todas las cuestiones consulares deberán ser atendidas por un solo burócrata. Esto garantiza que, en lo adelante, sólo se atiendan casos de absoluta urgencia, tal y como se ha anunciado.
Esa virtual interrupción del otorgamiento de visas a los ciudadanos de uno y otro país constituye un golpe contundente asestado a las autoridades castristas. En verdad, ahora más que nunca los jerarcas del Palacio de la Revolución deben estar lamentando no haber estrechado con más decisión la mano que durante los últimos años de su mandato mantuvo extendida hacia el Sur el presidente Obama.
Si no lo hicieron porque contaron equivocadamente con la segura victoria de la señora Clinton en las elecciones del pasado noviembre, ahora tienen motivos adicionales para lamentar su imprevisión y su monumental despiste.