domingo, 16 de septiembre de 2018

Derecho en Cuba: ¡cuántas barbaridades!

Durante más de medio siglo, la legislación comunista ha provocado situaciones tensas y absurdas en la Isla

Tribunal cubano (foto: EFE)
LA HABANA, Cuba.- En medio del rebumbio que en estas semanas ha formado el régimen castrista con su propuesta de una “nueva” Constitución, estuve conversando con unos amigos abogados. Como la superley recoge distintas arbitrariedades de los comunistas —lo que incluye socialismo perpetuo, partido único y violación de derechos humanos—, hicimos un breve inventario de otras barbaridades que “esta gente” ha perpetrado en el terreno jurídico.
La lista es impresionante, y en un trabajo periodístico apenas podré señalar las más destacadas. Son tantas las torpezas y las consecuencias nocivas que uno no sabe si atribuirlo al malsano deseo de hacer daño, a una imprevisión y una impericia rayanas en el dolo eventual o a la simple estupidez humana. Lo más llamativo de todo es que, al frente de la orquesta, figuraba un graduado en leyes: el fundador de la dinastía castrista.
Lugar destacado en esa relación merecen —desde luego— los grandes errores conceptuales, como la desaparición de la independencia de los jueces y su subordinación al aparato de la “fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”. Y en tan gran medida, que el miembro de un Tribunal que firme hoy dos o tres sentencias absolutorias es cuestionado seriamente por los dirigentes del Partido Comunista.
Lo mismo puede decirse de la erradicación del libre ejercicio de la profesión legal y la estabulación de los abogados en el monopolio que integran los burocratizados bufetes colectivos. O de la Fiscalía, la cual se guía en su actuación por criterios políticos y no por los técnico-jurídicos, y que a menudo deja sin respuesta las quejas fundadas de los ciudadanos.
También cabe señalar el reemplazo del juez de instrucción —funcionario judicial de carrera— por un policía (aunque le hayan otorgado título de instructor). O los jueces legos. Aclaro aquí que no es que uno se oponga a que no profesionales del derecho impartan justicia. En otros países existen jurados, y funcionan bien.
El problema, en Cuba, radica en el carácter de figurones que tienen esos funcionarios improvisados. ¿Qué (aparte de poner la cara y firmar) podrá hacer un juez lego que participe —digamos— en la decisión de un recurso de casación en el que se han planteado puntos complejos del derecho, que ni siquiera todos los abogados dominan!
Pero junto a esas cuestiones generales que he señalado, existen situaciones más puntuales. A lo largo de esta pesadilla que en pocos meses deberá cumplir sesenta años, la actuación de los jerarcas comunistas en el campo del derecho merece que recordemos la clásica metáfora del elefante en una cristalería.
Aquí, como principio rector, resulta oportuno recordar la bárbara consigna “Abogados, ¿para qué?”, que enunció y repitió, muy orondo, el propio “Comandante en Jefe”. En su despiste, el encumbrado personaje parecía creer que una sociedad contemporánea puede regirse de modo análogo a como Gengis Khan dirigía su imperio.
El cáncer hizo metástasis, y el rechazo a los hombres y mujeres de mi profesión encontró calurosos seguidores entre otros miembros del gremio, deseosos de ganar méritos ante el mandamás. En su tiempo, un ministro de ¿Justicia? de infausta memoria, el doctor Alfredo Yabur, orientó a sus subordinados que, al fallar los pleitos sobre viviendas, rechazaran las demandas administrativas en cuya redacción se detectara la mano de un abogado.
Como es lógico, esto último no suele ser difícil. La misma formación del jurista lo habitúa a ordenar su pensamiento, a alegar sólo lo atinente al caso, y a hacerlo con la debida ilación. Esto, claro, facilita el trabajo de quien debe terciar en el diferendo. Lo único que consiguió Yabur con su torpe consigna fue que las reclamaciones sobre inmuebles —aun las redactadas por letrados— llegaran escritas a mano y con faltas de ortografía intencionales. En ellas —eso sí— menudeaban frases como “esta gloriosa Revolución más verde que nuestras palmas” y otras zarandajas por el estilo.
Otra idea peregrina que los comunistas aplicaron en el campo del derecho fue la desactivación de los registros de la propiedad. Para colmo, los dedos de una mano no alcanzan a contar los organismos que expidieron títulos sobre viviendas. Esto constituía una verdadera invitación a las falsedades documentales de todo tipo, cosa que, en efecto, sucedió. Ante la magnitud del desastre, los mismos castristas reactivaron esos registros en años recientes.
Esos problemas con las casas (al igual que los similares relativos a automóviles) se originaban en lo que, años más tarde, se calificó como “prohibiciones innecesarias”, las cuales fueron levantadas. Pero en su tiempo, esas interdicciones eran consideradas elementos imprescindibles del sistema: En un país socialista parecía inconcebible que las personas compraran o vendieran sus “propiedades”.
Otra locura: para casarse, dejó de ser necesaria una certificación de divorcio. A algún cretino se le ocurrió que ésa era una forma efectiva de luchar contra el burocratismo (algo muy en boga en aquellos tiempos). El documento se suplía con una simple declaración jurada.
¡Cuántas personas decentes no tuvieron que comparecer ante los tribunales acusados de bigamia! Al contraer matrimonio, de buena fe habían consignado, como fecha de su supuesto divorcio, la de su visita al bufete colectivo (cuando, como es lógico, ni siquiera había comenzado el proceso para disolver su anterior unión).
Un campo fértil para barrabasadas legales de todo género lo constituyó el Derecho Penal. Desde luego, aquí hay que mencionar normas francamente terroristas, como la fatídica Ley 988, que establecía una pena única para los “delitos contrarrevolucionarios” que enunciaba: la de muerte.
Pero a disposiciones trágicas como ésa hay que agregar otras que provocan risa, como el delito de “prestación deficiente de servicios”, incluido en su momento por los castristas en la legislación penal. A estos señores, que aspiran a resolver todos los problemas sociales metiendo presa a la gente, se les ocurrió que el método adecuado para evitar que —pongamos por caso— a un usuario le despacharan una pizza quemada, era que el afectado fuese ipso facto a formular la correspondiente denuncia…
El inventario podría alargarse, pero creo que basta con lo ya escrito. Por eso, a los que todavía se sorprenden por las arbitrariedades plasmadas en el “nuevo” Proyecto de Constitución, les comento que los comunistas tienen una larguísima experiencia en la perpetración de barbaridades legales.
(Cubanet)

Grandeza y decadencia de Estados Unidos

La nación independiente surgió con la revolución industrial y ha crecido y se ha expandido poco a poco, al ritmo del 2% anual

Bandera de EEUU (pixabay.com)
MADRID, España.- Una humilde señora hondureña vino a Miami a visitar a su familia. Todos habían salido huyendo de su país para salvar la vida. A uno de sus hijos, un joven laborioso y decente, lo asesinaron de 38 puñaladas. Su hija era un buena maestra y su yerno un alto funcionario de una institución de créditos. Sus tres nietos eran (y son) magníficos estudiantes. Las maras amenazaron con matarlos uno a uno si no se sometían a las extorsiones.
Decidieron escapar a Miami. La maestra hoy trabaja de asistente en varios hogares. El contable lo hace en la construcción. Es una variante del comienzo del sueño americano. Afortunadamente, Estados Unidos les concedió el asilo. Esto sucedió antes de que Jeff Sessions declarara que su país no tendría en cuenta el riesgo de perder la vida como razón suficiente para solicitar el asilo y protección de Washington. A mí, francamente, no se me ocurre una explicación más válida para huir de una nación en la que estaban cómodamente instalados.
A lo que iba. La matriarca hondureña se quedó admirada por el cuadro económico que encontró. “Ustedes viven como los ricos en Honduras”, les dijo. Y luego les explicó por qué. Alquilan una casita cómoda (en un barrio limpio y modesto) con tres dormitorios y un baño que tiene agua fría y caliente. La vivienda posee electricidad, teléfono, tv, aire acondicionado e internet. Están pagando dos pequeños autos japoneses usados, también con aire acondicionado, porque los necesitan para trabajar.
Todos comen y visten razonablemente bien. Tienen teléfonos portátiles y, como saben ahorrar, hasta se han ido de vacaciones una semana dentro del país. Los varones estudian en un buen High School público y la muchacha, que es la mayor del trío juvenil, lo hace en el Miami Dade College, donde no ha pasado inadvertida para el ojo educado y educador de Eduardo Padrón, presidente de esa enorme universidad del estado, la mayor del país: más de 160 000 alumnos. Ella es de las mejores. Se ha propuesto ser médico y lo logrará algún día. Le sobran talento y tenacidad.
La abuela de la historia (absolutamente real) tiene razón: su familia pobre en Estados Unidos vive como los ricos en Honduras. En cierta forma, mejor que ellos: no hay maras al acecho ni guardaespaldas tremebundos, poseen protección policiaca, un sistema judicial que funciona, y hasta un seguro médico al que llaman Obamacare, que les permite curarse las enfermedades a un costo bajo.
Estados Unidos ya era la primera economía del planeta a principios del siglo XX. ¿Cómo lo hizo? No hay otro secreto: se trata de un país de leyes e instituciones y no de personas. La nación independiente surgió con la revolución industrial y ha crecido y se ha expandido poco a poco, al ritmo del 2% anual, pero durante dos siglos y medio, con la excepción de los 4 años de la Guerra Civil. Los trece estados recelosos que declararon la independencia, con algo menos de 4 millones de habitantes, hoy son 50 estados y cuentan con 328 millones de personas desigualmente repartidas en un territorio que es 6 veces mayor que el original.
Nunca la humanidad ha vivido mejor. Nunca ha vivido más tiempo y con más comodidades. Vale la pena leer los libros de Steven Pinker para contrastar los datos. Ahí está toda la información razonada. La laboriosa familia hondureña participa de la riqueza acumulada estadounidense (edificios, carreteras, alcantarillados, puentes, parques, etcétera) y de la riqueza potencial que depende de factores intangibles (instituciones, rule of law, valores y principios compartidos).
Algún día, claro, Estados Unidos dejará de ser la cabeza del planeta. Siempre ha ocurrido así. La historia de Grecia, Roma, España, Francia, Alemania e Inglaterra lo demuestra. Probablemente China reemplace a la nación americana. Todo está en que combine el poderío militar con el tecnológico y el económico. Es posible que descubra una manera más eficiente de matar a los seres humanos que la guerra nuclear. Si ello sucede tal vez la empleen. Ocurrirá a mediados de este siglo. Los viejos, espero, no lo veremos.
(cubanet)

viernes, 31 de agosto de 2018

Secuelas de una tunda mortal

Un nuevo exceso policial gravísimo tuvo lugar en Placetas, Villa Clara. Nuevamente, un cubano fue asesinado por las fuerzas represivas del régimen


LA HABANA, Cuba.- Recuerdo las interesantes anécdotas sobre Corea del Norte contadas hace años por un amigo que, tras el triunfo de la Revolución en 1959, tuvo la ocasión de visitar ese enigmático país en más de una ocasión. Una de esas narraciones me impresionó de manera especial. Se trató de un accidente de tránsito ocurrido en su presencia:
Un automóvil impactó a un menor. Tras el suceso, la señora que lo acompañaba —su mamá, debemos presumir— no prestó atención al niño. Lejos de ello, se dirigió de inmediato a la puerta trasera del vehículo. Allí, con grandes sonrisas y reverencias, le dijo al pasajero algo que el intérprete tradujo como: “No debe usted preocuparse. Lo sucedido carece de importancia”.
Sabemos que los traductores comunistas están especializados en adulterar la realidad. Esa experiencia nos la traslada Eudocio Ravines en su instructivo libro autobiográfico La gran estafa. Pero en el caso que cuento, no parece haber sucedido así, pues, según mi amigo, no había la menor discrepancia entre el lenguaje corporal de la señora y la versión de sus palabras que ofreció el intérprete.
Por suerte, el sucedido tuvo un final feliz: el chico, después de haber dado vueltas en el aire como un reguilete y haber caído de manera estrepitosa al pavimento, se levantó tan campante. Felizmente, no había sufrido lesiones de gravedad.
El incidente dio pie para que mi amigo hiciera algunas amargas reflexiones sobre la idiosincrasia asiática y el desvelo que muestran los pueblos orientales por no ocasionar molestias al prójimo. Al cabo de los años, yo, tras haber sufrido el comunismo en carne propia durante la friolera de sesenta años, hago una interpretación bastante diferente:
La señora, al ver el carro, comprendió que en él viajaba un encumbrado jerarca. (En la martirizada Norcorea, disponer de un automóvil es un lujo reservado para la alta nomenklatura comunista). Deseosa de evitar que el pasajero pudiera pensar en usar de su poder para perseguir a las víctimas del accidente, la pobre mujer hizo lo que estaba a su alcance para aplacarlo. Aun antes de saber qué había sido de su hijo.
He hecho esta larga introducción porque en Cuba, bajo la pesadilla del castrismo, han sucedido cosas parecidas. Por suerte, aquí en el Caribe no hemos llegado a los mismos extremos que los súbditos de la monarquía absoluta de los Kim. (No por gusto el “Comandante en Jefe”, tras regresar de Corea, no escatimó elogios a “la disciplina” de los ciudadanos de Pyongyang).
Pero situaciones similares sí han tenido lugar. Por desgracia, en nuestra Patria no han faltado quienes han preferido callar ante un atropello cometido contra un ser querido. Y lo han hecho con el único propósito de “no señalarse”; de no convertirse en objetivo de la animadversión de los poderosos.
Por suerte, no ha sucedido así con la esposa —ahora viuda— del compatriota Alejandro Pupo Echemendía. Se trata de un cubano de a pie al que le gustaba organizar carreras de caballos. Como es obvio, se trata de una práctica que, en sí misma, no es antijurídica. Sólo que, como regla, ella suele ser acompañada por apuestas, lo que en Cuba constituiría un juego prohibido. Pero si en este caso hubo o no envites, es algo que aún habría que demostrar.
De cualquier modo, el hecho cierto es que, como han informado CubaNet y otros medios informativos, Alejandro, tras ser detenido por esa supuesta infracción de ínfima categoría, fue trasladado a la estación de policía de Placetas. En este centro represivo fue objeto de una brutal golpiza. Las circunstancias y motivos del apaleamiento se desconocen hasta el momento. ¿Será que el detenido se negó a entregar dinero a algún gendarme corrupto?
La tunda fue tan salvaje que Pupo Echemendía, al ser trasladado al hospital, llegó ya cadáver. La violación de su derecho a la vida fue informada por el activista Jorge Luis García Pérez (Antúnez). Éste, en un tweet, describe al occiso con una frase originalísima: Un “joven de 46 años”. En ese mismo mensaje, se denuncian los medios empleados: “Palos, bastonazos, golpes de tonfas, patadas, estrellones contra el suelo”.
Pero insisto: en la denuncia de este crimen, los defensores de los derechos humanos no han estado solos. Los familiares del interfecto —en particular, su ya mencionada viuda, la señora Elizama Mujica Cabrera— no han tenido pelos en la lengua para condenar en los términos más claros este vil asesinato.
No sé si los policías criminales pretenderán hacer ver que sólo se defendían de una acometida realizada por quien resultara occiso. Ignoro si las autoridades villaclareñas lograrán encontrar a algún médico que se preste a certificar que la muerte se debió a alguna enfermedad u otra situación ajena a cualquier posible exceso policial.
El hecho cierto es que quienes pretendan tergiversar la verdad no enfrentarán una tarea fácil. Colgadas en la red están las fotos que muestran la espalda del desdichado Alejandro, marcada con los cardenales producidos por los golpes. También se observan los profundos surcos dejados en sus muñecas por las esposas que llevaba al momento de morir; demasiado apretadas —cosa evidente—, lo cual constituye una forma adicional de tortura.
¿En qué irá a parar este nuevo e innegable exceso de las fuerzas represivas castristas? Hasta donde sabemos, ningún contratiempo han tenido los policías que participaron en la tunda. Por el momento, las autoridades la han emprendido contra el mensajero. Antúnez, que sólo cumplió con su deber ciudadano de informar sobre un posible delito, sí fue arrestado. Esto sucedió el mismo día en que la policía santiaguera puso en libertad al denodado líder de la UNPACU, José Daniel Ferrer.
¿Será que el régimen no deseaba que esta última soltura fuese interpretada como un gesto de debilidad? ¿Que detuvieron a García Pérez para “equilibrar la balanza”? Por desgracia, cosas como ésas son posibles en nuestra pobre Cuba.

(Cubanet)

Investigación sobre “ataques” a diplomáticos de EEUU en Cuba arroja primeras conclusiones

El Departamento de Estado concluyó que respondió “adecuadamente” ante esta situación, aunque sigue sin determinar cuál fue la causa

Heather Nauert (Foto: Departamento de Estado)
WASHINGTON.- El Departamento de Estado de EE.UU. concluyó hoy que respondió “adecuadamente” a los supuestos “ataques” que dañaron la salud de 26 de sus empleados en la embajada estadounidense en La Habana, aunque sigue sin determinar cuál fue la causa.
Esas son las principales conclusiones de la investigación de la Junta de Revisión de la Responsabilidad (ARB, por su sigla en inglés), que ordenó crear el 12 de enero el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, para evaluar de manera independiente la respuesta de EE.UU. a lo ocurrido en Cuba.
El objetivo de esa junta no era determinar la causa de los “incidentes sanitarios sin explicación”, sino evaluar la respuesta del Departamento de Estado, incluyendo los procedimientos de seguridad, explicó hoy en un comunicado la portavoz de la diplomacia estadounidense, Heather Nauert.
Para su investigación, la Junta de Revisión de la Responsabilidad entrevistó a 116 individuos en cuatro meses e hizo una serie de recomendaciones al actual secretario de Estado, Mike Pompeo, quien a su vez entregó hoy al Congreso otro reporte con las acciones que ha tomado para prevenir futuros incidentes.
Según la portavoz, el órgano de supervisión ha concluido que los procedimientos y sistemas de seguridad del Departamento de Estado eran “en general adecuados y se aplicaron correctamente”, aunque apunta que había “algunos desafíos” en el proceso de comunicación.
Por ejemplo, según la junta, la designación de un solo diplomático para responder a los supuestos “ataques” resultó en una “comunicación insuficiente” con los empleados en La Habana y “obstaculizó” la coordinación dentro del Departamento y con otras agencias gubernamentales.
Entre las agencias que investigan el ataque se encuentra el FBI, que no ha dado a conocer sus conclusiones.
Los supuestos ataques contra los diplomáticos estadounidenses en Cuba tuvieron lugar entre noviembre de 2016 y agosto de 2017 y, hasta ahora, el Gobierno de Estados Unidos no ha podido determinar “quién o qué” dañó la salud de su personal, que llegó a sufrir conmociones cerebrales.
Ese incidente deterioró las ya delicadas relaciones bilaterales, puesto que Washington ha acusado a La Habana de saber quién perpetró los supuestos ataques, y de no haberles protegido adecuadamente, algo que niega el Ejecutivo cubano.
Debido a esas agresiones, que en principio Washington calificaba de acústicas, aunque luego reconoció no tener confirmada su naturaleza, EE.UU. ordenó la salida del personal no esencial de su legación en Cuba, es decir, un 60 % del total.
EE.UU. también ha detectado problemas de salud similares en su personal diplomático en el consulado de Guangzhou, China.
(EFE)